Buenos Aires: Por todos los sentidos

Con influencia europea, es la meca del tango

Siempre me ha parecido que visitar la capital de la República Argentina es experimentar un asalto a todos los sentidos ¡sin lugar a escape! El impacto visual de algunas de sus calles y edificios con influencias europeas me transportan por momentos al Viejo Continente. Pero no, no se trata ni de París ni de Italia, sino de “mi Buenos Aires querido”, el mismo que Carlos Gardel homenajeara en el tango con ese nombre y que desde entonces convirtiera a esta ciudad en la meca más digna de ese género musical.

ENTRA POR LOS OJOS… Y POR LOS OÍDOS
Hasta la fecha de hoy, músicos y bailarines de todo el mundo acuden aquí para profundizar sus conocimientos en este género, mientras que los turistas prueban suerte practicando al menos uno de estos pasos, en algunos de los muchos restaurantes en donde se puede degustar de tan emblemática música. Pero para otros como yo, a los que el don de la danza no se les dio de forma natural (ni forzada) siempre es satisfaciente pararnos en algún rinconcito de San Telmo o La Boca, a presenciar cómo otros se desplazan ágilmente al compás de un tango, deleitándonos con ese lujoso banquete visual tan emocionante como impresionante

En San Telmo es muy fácil dejar el corazón: sus calles adoquinadas y casitas coloniales, constituyen un refugio histórico para la ciudad y cultural para los amantes de la historia y de las reliquias (después de todo, este es el barrio distintivo de los anticuarios argentinos). Me encanta recorrerlo los fines de semana, cuando se arma toda una fiesta ambulante en donde estatuas vivientes, magos y artistas callejeros me envuelven con sus propuestas y la Calle Defensa se convierte en un paseo peatonal inolvidablemente entretenido.

De los 202 Kms cuadrados que abarca Buenos Aires, siempre he sentido especial fascinación por el Barrio de La Boca. Sus casas de madera y lámina pintadas en colores fuertes y apasionantes, como imponiendo su presencia en ese horizonte, resultan como un imán que me atrae a permanecer allí sin medidas de tiempo. Mi calle predilecta es Caminito, no sólo porque aquí el compositor Juan de Dios Filiberto se inspiró para el tango que lleva ese nombre, sino por las pintorescas fachadas de sus casas, sus coquetos bares y la interminable oferta de obras de arte y souvenirs, que artistas y artesanos locales exponen y venden aquí. Y el tango, omnipresente, me vuelve a embrujar en sus manifestaciones callejeras.

Como amo el fútbol, ni puedo obviar que en Brandsen 805 está el Club Atlético Boca Juniors, fundado por cinco jóvenes habitantes de este barrio hace más de cien años (1905) y que hoy en día es uno de los más importantes del país. Su estadio de fútbol tiene capacidad para 50 mil espectadores y puedo decir, sin lugar a equivocarme, que al ver un partido de fútbol aquí uno comprende el significado de lo que es verdaderamente la pasión, letra por letra.

ES CUESTIÓN DE TACTO
Para mí ningún viaje queda completo si no se va de compras, y en Buenos Aires esta actividad cobra prioridad. Famosa por la calidad de sus pieles, la oferta de chaquetas de cuero, zapatos cocidos a mano, bolsos… ¡Es impresionante! Una caminata por la Calle Florida nos pone en contacto con algunas de las pieles más finas del país: cortes que van desde conejos y visones, hasta zorros y antílopes; engalanan las vitrinas de algunas de las tiendas de mayor historia del país. Se calcula que medio millón de personas caminan todos los días por este trayecto de 12 cuadras en donde la oferta no se limita a calzado, abrigos o bolsas; ¡un verdadero paraíso para los compradores!

Acá está el famoso centro comercial Galerías Pacífico, uno de los más pomposos de nuestro continente. Y aunque muchos llegan atraídos por las boutiques exclusivas, selectos cafés y restaurantes, a mí me gusta hacer este recorrido como un acercamiento cultural, pues no he conocido otro shopping mall en el que pueda admirar imponentes frescos de grandes pintores. Aquí, sus cúpulas exhiben obras de los grandes maestros del arte argentino: Lino Spilimbergo, Juan Carlos Castanino y Demetrio Uchurrua; así como el español Manuel Colmeiro, quienes con estos murales inauguraron el primer Taller de Arte Mural de este país. No es por casualidad que hace 19 años este edificio haya sido declarado Monumento Histórico y Nacional.

En Buenos Aires hay otro sitio en el que siento el arte filtrarse por mis poros. Se trata de la Librería El Ateneo Grand Splendid, la que el diario londinense Le Guardian, declarada hace poco, una de las más importantes del mundo por su esplendor. Lo que fuera una imponente sala de teatro y cine, se convirtió en el 2000, a un costo de 3 millones de dólares, en una mega librería de 3 pisos que aún conserva su cúpula pintada.

Siempre que llego a El Ateneo tengo que librar una lucha interna para poder salir del lugar. Pero librado el conflicto, es casi seguro que podré escaparme a La Recoleta, famoso por sus espacios culturales (aquí está la Biblioteca Nacional, el Centro Cultural Recoleta y el Museo Nacional de Bellas Artes). También alberga al cementerio homónimo que refleja el esplendor la opulencia económica de Buenos Aires en la época de 1880 y 1930 y en donde yacen figuras como Evita Perón, del escritor José Hernández y Domingo Faustino Sarmiento, entre otros.

Una caminata por este barrio siempre me renueva ¡y de muchas maneras! Por ejemplo, como se ha dicho que este es uno de los barrios con más estatuas en el mundo, me encanta sorprenderme a mí misma descubriendo una nueva o un detalle que se me haya escapado anteriormente. Entre las más conocidas están: El último centauro, de Antoine Bourdelle; el Torso Masculino Desnudo de Fernando Botero y la Floralis Generica, de Eduardo Catalano.

Una de mis avenidas predilectas de América Latina está acá: la Alvear, a la cual hace algún tiempo se le llamaba Bella Vista. El nombre nunca le quedó corto, pues ofrece una panorámica maravillosa de arquitectura francesa y varios palacios de ese estilo, como el Jockey Club, el edificio de la Embajada Francesa y ¡claro! El Hotel-Palacio Alvear, deslumbrante con sus decoración al estilo Imperio y Luis XVI. Aunque quien prefiera espacios más pequeños, siempre cuenta con alguno de los petit hotels que también han hecho famosa esta pintoresca barriada.

DE SUS AROMAS ¡Y SABORES INOLVIDABLES!
La Recoleta es famosa además por sus cafés, bares, restaurantes. Por las mañanas, el sabor siempre seductor de las facturas (panecillos dulces) y del café con leche se desborda por más de un rincón. Más tarde, el inconfundible aroma de un choripán (pan francés que contiene una longaniza o un chorizo a la parrilla), se impone ante la fuerza de voluntad más férrea por querer guardar una dieta. Y ese es sólo el aperitivo, porque en la capital argentina no hay comida completa sin un buen churrasco, el platillo típico del país y con el que Argentina se ha impuesto en el arte culinario del mundo.

Otro barrio en donde uno puede degustar las exquisiteces de la cocina argentina es Palermo, ese mundo bonaerense que se ha dividido en tantos submundos: Alto Palermo (donde esta la Villa Freud llamada así porque la fuerte concentración de oficinas de sicólogos), Palermo Soho (la zona dedicada al diseño, la alta costura y la moda), Palermo Hollywood (donde residen grandes personalidades de la radio y la televisión), Palermo Viejo (donde viviera el Che Guevara y Jorge Luis Borges) y Palermo Chico (el barrio residencial predilecto de los ricos y famosos).

Por otro lado, están los restaurantes de Puerto Madero, el barrio más nuevo de Buenos Aires, el cual está ubicado a las orillas del Río de la Plata, que nos deslumbra con su paisaje. Aquí estaba el puerto y ahora sus muelles se han convertido en modernos restaurantes que no dejan un antojo sin satisfacer. Definitivamente, Buenos Aires es un agasajo a los cinco sentidos. Y si hubiera un sexto, no tengo la menor duda de que es aquí en donde se hubiera concebido.

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